(Pintura, “Bayeu y Subías”, Francisco Zaragoza, data del 1758. La representación es entre griegos y latinos celebrado en Gerión por uno de los primeros reyes que tuvo España, proveniente de provincias de países muy remotos. La ambición de este Rey tirano era enriquecerse con los montes de oro que halló liquidando con el Crisol cuyo uso no era conocido. Pobló las tierras de Granados por haber hallado la mejor comodidad en la abundancia de pastos. Redujo a los españoles a una miserable servidumbre haciéndoles sufrir toda suerte de afrentas e indignidades tiranizando con el mayor rigor todas sus provincias).

 

La legitimidad, la conciencia social y la abstención como medio de cambio.

 

Sobre la participación en las urnas en el Estado de partidos.

La desproporción entre un mínimo esfuerzo, el de acudir a las urnas sin necesidad de estar informados sobre la realidad política de los partidos, y una máxima recompensa, la de sentirse, aunque sólo sea unos segundos, protagonista de la historia, hace del deseo de votar una pasión más irresistible aún que las nacidas del imperio de los sentidos, y vecina en emoción a las pasiones de orden espiritual que levantan las liturgias religiosas y los juegos de azar en los caracteres irresolubles o femeninos. Cuando las elecciones no son el medio adecuado a la representación política de la sociedad civil, la pasión de votar instrumenta la enajenación partidista del pueblo y asegura la vida de una clase gobernante oligárquica y degenerada. Votando listas en lugar de persona, el pueblo se rebaja hasta el punto de hacerse amar por sus amos. Éstos le pasan la mano por el lomo para premiar la madurez de su servidumbre”. 

(Antonio García Trevijano).

 

Con esta cita arriesgada y efectiva en cuanto al comportamiento de la sociedad española y su moral participativa para acudir a las urnas, motivo por el cual los partidos estatales, las facciones del Estado, están legitimados para poder repartirse los cargos y los poderes del Estado en cuotas, empezamos este artículo, donde pretendemos explicar el objetivo político de la “abstención”, el significado de la “legitimidad” del poder y dar causa al error y las consecuencias que acarrea la participación sin conocimiento en la urna, esa que proviene de un propósito personal de la ideología o del rencor moral ideológico, del fanatismo, de la irresponsabilidad civil y de la corrupción moral de la sociedad y que solo puede traer desgracia y fracaso. Si hay algo que caracteriza a la democracia es la libre información, sin la coacción e influencia estatal, sino basada en la representatividad del pueblo y la libre información de la población, para que la participación en las urnas, sea al menos, en conciencia y sabiendo uno lo que está haciendo con libre información. 

Para entender el sentido de la abstención, que es de lo que trata este artículo, en contra de tópicos, falacias y otros argumentos ridículos y sin fundamento de lo que se refieren a este término, es en la conciencia personal donde podemos encontrar la funcionalidad de dicha acción cuando tiene un carácter político, y también conciencia colectiva, no como fin sino como medio, aunque el fin sea también colectivo al ser un fin público o político. Para explicar el principal sentido de la abstención como herramienta o medio hay que entender algo que ya lo entendieron los romanos hace siglos, se trata de dos términos imprescindibles e inexorables para hablar de poder, es decir, de política, la legalidad y la legitimidad.

En Roma descubren el hecho de que, todo orden establecido, todo gobierno o poder, se sostiene nada más que en dos pilares, en dos columnas necesarias por igual: la fuerza, la legalidad o lo legal que es la “potestas”, y la “auctoritas”, que es la legitimidad moral, el libre reconocimiento de la mayoría desde su conciencia. Es claro entonces y fácil de entender que si uno de esos dos pilares falta, todo poder y su estructura funcional quiebra. ¿Qué efecto produce la abstención, cual es la funcionalidad de la abstención como herramienta en conciencia?; la abstención destruye la autoridad, rompe y merma el pilar de la autoridad de ese poder, el consentimiento o el acuerdo en conciencia de esa sociedad para con el poder establecido, es así de claro y así de irrebatible. Si no hay legitimidad, si no hay acuerdo o consentimiento moral y en conciencia, haga lo que haga ese poder, tarde o temprano, más temprano que tarde, quebrará, una vez que ese pilar está quebrado, el poder está condenado a ceder y morir. Es común entonces, como pasa en España, y tenemos la experiencia con el conocido asunto del “bipartidismo” PP y PSOE, entonces cuando la sociedad española se empezaba a temer que “esto no era democracia” y, como no es democracia y es un Estado de partidos o partitocracia como forma de gobierno, claro que ese “bipartidismo” tenía sus repercusiones en el Régimen oligárquico del 78 (el bipartidismo es un efecto político que sirve y hace funcionar bien cuando hay democracia pero no resulta tan positivo para una oligarquía, ya que al ser varios en el poder, todos quieren su parte y empezaría el conflicto real, que fue lo que destapo y puso en peligro en el gobierno de Zapatero, el famoso consenso, por eso, porque las oligarquías no funcionan bien con bipartidismos, es algo propio de la democracia), por eso tuvieron que inventar más facciones, más colores para dar nuevas ilusiones al votante, para que hubiera más ánimo para la participación, para que hubiera un parecer de más democracia, más para elegir, ¿con qué objetivo?, pues para lograr eso que más necesitan todas las oligarquías para estar en el poder, el voto popular (que no elección), el consentimiento y la fuerza de los individuos, la LEGITIMIDAD del poder que da el pueblo gobernado; este es un ejemplo, como tantas excusas hay, de inventos desde el Estado, desde el poder, para que los individuos acudan a las urnas; ejemplos de manipulación como decir “que hay que votar porque es antes la Nación española que el independentismo catalán”, o con la excusa de la “interminable corrupción”, o como hemos visto últimamente carteles como los que había en la dictadura franquista, que dicen que “votar es ser libre”, hay ejemplos por doquier de artimañas desde el poder para convencer mediante la propaganda en los medios a la población de que hay que votar, de que “la democracia es votar“, y eso es rotundamente falso y mentira (en mi opinión los inventos y alternativas para mentir se les están acabando ya, y cuanto peor sea la situación mejor, menos posibilidades les quedan para seguir con la farsa, porque es muestra ya evidente y experiencia clara de que todo está podrido y no funciona, para más peso en razón para un cambio y para no participar de algo que cada día vemos con más clarividencia que es un fraude como lo es el Régimen y la Carta otorgada del 78).

El siguiente paso que está relacionado con la abstención en conciencia es, precisamente, hacia dónde nos lleva y en qué sentido se aplica esa la conciencia, ¿Qué pretendemos, a dónde nos lleva no participar en un Régimen de poder? Este es el paso más comprometido, no solo para el propio individuo y su responsabilidad como ciudadano, sino para la sociedad entera, ese paso es el de crear e innovar unas instituciones nuevas partiendo de la base y el criterio de la misma conciencia de una sociedad civil determinada que en ese momento no tiene salida ni escapatoria, ni mucho menos participando en lo que les ha llevado hasta ahí; por eso es imprescindible en todo momento la hegemonía cultural, para saber dónde se pisa en todo momento. Y como lo que se quiere generalmente son resultados a corto plazo, rápidos y eficaces, estos no son, por la naturaleza del propio cambio, de la noche a la mañana como se pretende, y más en una situación desesperada como sucede en la actualidad en España. Es un proceso lento, difícil y comprometido por parte de toda la sociedad, nadie da nada por nada y mucho menos por arreglos superficiales, reformas políticas inútiles (como la del 78) y soluciones chapuceras que solo pueden llevar a empeorar más la situación o a tapar el gran problema de manera momentánea sin arreglar nada. Algo que es engorroso, complicado y difícil de asumir para la sociedad actual en España, y para algunos utópico (esta postura es más excusa que otra cosa), es construir unas instituciones desde la sociedad civil, es lo que verdaderamente puede llevar a un cambio real y positivo, es decir, una revolución, si es que lo que se pretende es cambiar algo realmente. Una gran muestra de lo que aquí escribo lo tenemos en la reciente experiencia de confinamientos y represión social aun presente en las calles españolas, y que, cuanto más se participe en ello, más fuerza se dará al poder (ya que el voto es básicamente fuerza) para que la represión, el esclavismo, la servidumbre y la injusticia social esté a la orden del día sin que el pueblo pueda hacer absolutamente nada para evitarlo, y no porque haya tiranos y corruptos, sino porque el pueblo así lo prefiere, participando cuando no hay democracia, porque ni puede elegir ni puede decidir absolutamente nada en la urna, como pasa en el caso de España y casi toda Europa. Si la sociedad no es capaz de salir de ahí y cambiar la conciencia en cuanto al terreno público o político y hacer un esfuerzo para abrir la mente a otros modos, lo que procede es más deterioro, más injusticia y más degeneración de todo, y por su puesto más esclavitud; miedo, represión, manipulación, corrupción generalizada de todo y de todos, gobernantes y gobernados, es decir, la putrefacción en su más puro esplendor, ¿os suena verdad?. (En la foto de portada, “Bayeu y Subías”, Francisco Zaragoza, data del 1758).

El poder es una cuestión de legitimidad, en su ejercicio en la urna es el consentimiento y el apoyo moral del votante a ese poder, por lo tanto, la abstención es una pérdida de la autoridad, porque el poder queda desnudo pendiente de la legalidad nada más. Y siendo la autoridad algo que no se puede fabricar ni construir, el poder cederá, caerá y morirá, la estructura de poder, las instituciones se vendrán abajo, por mucha fuerza de las armas que se tenga, por mucho ejército y mucha policía que se tenga, y sacando de dudas a aquellos que creen que por mucho que falsifiquen o manipulen los resultados en las urnas y den datos falsos, esa abstención es cuestión de conciencia y moral, por eso cualquier abstención por muy alto que sean las cifras de esta no vale y no tiene sentido alguno (un ejemplo de la carencia de conocimiento y conciencia de lo que se pretende está en algunos países sudamericanos donde se han registrado porcentajes altos de abstención pero no se ha llegado a nada claro ni ha producido ningún cambio). Lo único que puede hacer el poder con la legitimidad es hacer como hacen ahora, crear una ficción o un falso criterio sobre ella, fingirla, y en ese caso, como es falsa, todo caerá y cederá por su propio peso de igual manera, algo que estamos viviendo actualmente y en este momento en España. Todo es un contrasentido, todo es mentira, no se respeta nada ni a nadie, todo es una traición constante y todo es corrupción, todo es confuso, esto es, todo está podrido hasta el tuétano y cada vez más, y avanza cada vez más rápido en su proceso degenerativo.

Votar cuando no hay democracia es un fracaso social e individual y es perjudicial para uno mismo y para el convecino porque no hay posibilidad para cambiar nada y las decisiones políticas no dependen ni de los electores ni de las urnas.

La democracia es un sistema de poder, donde es la decisión del pueblo en las urnas el fundamento de esta, ya que puede cambiar directamente los acontecimientos políticos mediante la elección por mayorías.

Lo único que realmente puede hacer que cambie algo en lo político en un Estado de partidos es el que no vota, la abstención en conciencia como medio, como herramienta pacífica, a pesar de los que digan lo contrario por confundir o por fanatismo y cerrazón, o porque quieran que nada cambie y todo siga como está.

 

Antonio HR, a 30 de noviembre de 2021.

 

 

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